La importancia de ser conscientes de que no lo sabemos todo

Hay una actitud esencial en la práctica psicoterapéutica que, a menudo, olvidamos sin darnos cuenta: ser conscientes de que no lo sabemos todo. 🫠

Nuestro trabajo toca materias muy delicadas: emociones, historias, traumas, esperanzas. Creer que nuestra hipótesis es 100 % acertada, que el ejercicio que proponemos es exactamente lo que la persona necesita o que entendemos por completo por qué ha actuado de una determinada manera puede ser un error.
Y, sobre todo, puede ir en contra del proceso psicoterapéutico.

La humildad como base del vínculo terapéutico

Las profesionales que son conscientes de sus propios límites suelen ser más flexibles, más capaces de escuchar de verdad y de adaptarse mejor a las necesidades y a los ritmos de cada paciente.

Recuerdo que, al salir de la carrera (y durante mucho tiempo más aunque me da verguenza admitirlo…), viví una etapa en la que pensaba que “lo sabía todo” o que «lo que yo pensaba era suuuuper certero»(ilusa de mi 🥲). Esa parte un poco «narcisista» es bastante típica cuando somos jóvenes; no por maldad, sino por inseguridad y por las inmensas ganas de hacerlo bien.

Pero si no la miramos con compasión, esa parte puede volvernos rígidas.
Rígidas con las pacientes, con nuestras intervenciones, con lo que creemos que es correcto o con la manera en que queremos que las cosas sean.

Y esa rigidez, en una relación psicoterapéutica, sobre todo con personas que viven dificultades vinculares, puede ser muy delicada.

Por mucho que hayamos visto veinte pacientes con historias parecidas, eso no significa que necesiten lo mismo, que nuestra hipótesis sea la correcta o que actúen como imaginamos.
Esa rigidez es peligrosa, porque puede hacer que dejemos de ver realmente lo que la persona nos está diciendo o pidiendo.

Un ejemplo cotidiano

Imagina que llega a terapia un paciente muy exigente, racional y rígido.
Yo, desde mi creencia, pienso que no tolerará el mindfulness y que, probablemente, dejará de venir.

Si no soy consciente y no flexibilizo ese pensamiento, puedo generar dos efectos:

  1. No proponerle ejercicios de mindfulness, que podrían ser clave para su regulación.
  2. Posicionarme más distante en el vínculo, volviéndome más exigente o menos empática si llega tarde o cancela una sesión.

¿Vemos cómo ese pensamiento inicial puede condicionar nuestra manera de actuar?
Puede hacer que no le ofrezcamos lo que realmente necesita y que el espacio seguro que debería ser la terapia se vea alterado.

Y todo, quizás, por experiencias previas con otros pacientes similares que abandonaron el proceso.

Pero cada persona es un mundo por descubrir.
Y para poder descubrir, hace falta estar abiertas, curiosas y humildes.

Mirarnos como profesionales con compasión

Esto lo escribo desde mi propia experiencia, porque los años (si te atreves a observarte) te enseñan mucho sobre tus propias conductas como psicóloga.

La seguridad y la confianza, cuando no dejan espacio para observar al otro desde la compasión, pueden estropear muchos procesos.
Y lo digo desde el corazón, porque es algo que puede suceder incluso a la persona más trabajada.

Todas tenemos ciertas rigideces o prejuicios que nacen de las experiencias vividas en nuestra vida o en terapia con distintos perfiles de pacientes, situaciones o demandas.
Pero la verdad es que cada proceso es un mundo nuevo.

Quizás muchos mundos comparten parecidos, pero nunca son iguales. 🩵

El objetivo de una psicóloga compasiva es observar y conocer con empatía, apertura, flexibilidad y sensibilidad, para poder llevar a cabo acciones compasivas a lo largo del proceso.

Una invitación a la reflexión compartida

¿Y cuál es el objetivo de este texto?
Hacernos reflexionar.

Porque perfectas no lo seremos nunca.
Y, por mucho que mejoremos, siempre cometeremos errores, porque somos humanas.🫂

El propósito de este texto es reflexionar juntas desde la compasión y compartir maneras de entender la psicoterapia desde un enfoque compasivo, donde el aprendizaje, la humildad y la presencia sean parte esencial del camino.

¿Y tú?:

  • ¿Alguna vez te has vuelto rígida con una manera de pensar sobre un paciente?
  • ¿Te incomoda o te libera reconocer que no lo sabes todo?
  • ¿Has tenido alguna vez una conversación o un conflicto que te haya hecho ver las cosas de otra forma?
  • ¿Te permites aprender mientras caminas, sin querer tenerlo todo claro desde el principio?

La humildad no es inseguridad.
Es la puerta abierta que nos permite seguir aprendiendo de cada paciente, de cada proceso y de nosotras mismas.

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