El miedo de ser psicóloga

Cuando amar esta profesión también da miedo

Siempre he tenido miedo.
Miedo a no hacerlo bien.
Miedo a hacer daño.
Miedo a no estar haciendo lo suficiente.
Miedo a poder hacerlo mejor y no saber cómo.
Miedo a no aprovechar suficientemente el tiempo.

Es un miedo que creo que me acompañará siempre.

Y es un miedo que me ha hecho daño… Bueno, no él en sí, sino la manera en que durante mucho tiempo lo gestioné.

Durante años viví este miedo como una amenaza hacia mí como profesional y como persona. Una voz dura, exigente, que decía cosas como:

  • Si te equivocas, eres mala profesional.
  • Si haces esto, no sirves para este trabajo.
  • Si una paciente se va, quizá no eres buena psicóloga.

En uno de los errores más graves que viví, este miedo, junto con la culpa, estuvo a punto de hacerme abandonar mi vocación.

Aún hoy, a veces, me pregunto si realmente soy buena profesional. Si realmente hago bien mi trabajo. Y a la mínima que, de veinte pacientes, una se va, noto cómo aparece aquel viejo impulso de fusionarme con el pensamiento: quizá no soy buena psicóloga.

O mejor dicho: lo notaba, hasta no hace tanto.
Porque en estos últimos años he ido cultivando otra relación con este miedo y con esta inseguridad. Una relación más sana. No perfecta, pero sí más amable y más consciente. Una relación que, al menos a mí, me permite seguir creciendo, aprendiendo y nutriendo a la psicóloga que quiero ser, y los valores que son nucleares para mí.

Hoy entiendo el miedo de otra manera.
Entiendo que tengo miedo porque este trabajo me importa profundamente.
Porque lo amo.
Porque pongo el corazón en él.

Y mientras sea tan importante, probablemente siempre habrá miedo.

El miedo es una emoción que nos prepara para evitar amenazas

En nuestro caso, la amenaza de no ser buenas profesionales.
De no poder hacer un trabajo que amamos.
De hacer daño a alguna paciente a la que respetamos y cuidamos profundamente.

Mirado así, este miedo no solo deja de ser enemigo, sino que puede convertirse en un aliado.

Cuando hoy me equivoco, o pienso que algo podría haberlo hecho mejor, intento no castigarme. Me doy espacio. Amor. Ternura.
Y después me hago dos preguntas sencillas pero profundas:

  1. ¿Qué me está diciendo este error?
  2. ¿Cómo puedo aprender de esto?

No con el objetivo de llegar a ser la psicóloga perfecta (porque eso no existe). Ni la psicóloga que nunca se equivoca, porque tampoco sería posible ni deseable. Sino con la intención de crecer, de hacerme responsable sin culpa, de sanar, y de estar cada vez más alineada con quien realmente quiero ser y con los valores que quiero transmitir y plasmar en mi trabajo:
en el vínculo,
en la manera de trabajar,
en la manera de cuidar.

Así, poco a poco, he aprendido a convivir mejor con este miedo. A verlo como la expresión de un deseo profundo de aprender, de crecer y de proteger una vocación que es muy valiosa para mí.

También he aprendido otra cosa importante: cuando este miedo me domina, a menudo no es porque esté haciendo algo mal, sino porque necesito parar.
Descansar.
Bajar el ritmo.
Cuidarme.

Por eso hoy siento que es profundamente humano tener miedo cuando haces algo que te importa. Si no te importara, no te lo cuestionarías. No te revisarías. No pondrías tanta conciencia en ello.

Es como cuando amas mucho a alguien: te da miedo hacerle daño, te importa su bienestar, y si alguna vez lo hieres, ese miedo te lleva a reflexionar y a reparar.
No a castigarte.
Sino a crecer.
A comprender.
A evolucionar hacia aquello que amas.

No creo que el miedo sea una mala señal en nuestra profesión. Creo que puede ser una buena guía, siempre que no nos fusionemos con él.

Quizá no se trata de eliminar el miedo, sino de aprender a escucharlo con compasión y caminar con él, sin que decida por nosotras.

Si eres psicóloga y convives con el miedo, la inseguridad o la duda, quiero decirte una cosa: no estás sola

Quizá este miedo no habla de incompetencia, sino de compromiso. De responsabilidad. De amor por una profesión que nos toca el corazón.

Te invito a observar tu miedo con más curiosidad y menos juicio. A preguntarte qué quiere proteger. Y a ver si, detrás de él, también hay un deseo profundo de hacer las cosas bien, de cuidar y de crecer.


Si quieres seguir reflexionando sobre estos temas, en el blog de Psicología Compassiva comparto escritos honestos sobre la vivencia interna de la profesión, el vínculo terapéutico y el camino hacia una práctica más humana y compasiva.

🕊️ Puedes suscribirte al blog para recibir los nuevos artículos y acompañar este camino.

Posted in

Deja un comentario

Descubre más desde Psicologia Compassiva

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo